“Id y haced”, es lo que el Señor nos pidió, ser las manos y pies de Jesús dondequiera que estemos. El Evangelio nos levanta, nos empodera para hacer lo que Dios quiere que hagamos: establecer Su Reino en la tierra.

 

Cuando Jesús nos enseñó a orar, revolucionó la forma de pensar y de vivir hasta ese momento, porque nos presentó a Dios como Padre amoroso que se preocupa por nosotros y a quien podíamos acercarnos confiadamente para pedirle. Él vino a establecer una vida en el espíritu y en la gracia. Dentro de lo que nos enseñó, está pedir que el Reino venga, porque nosotros somos la respuesta de Jesús para establecerlo ahora[1]. Así que nuestro trabajo es lograrlo. Él usa personas pecadoras, personas normales para establecer Su Reino de una nueva forma. No busca personas perfectas sino dispuestas a obedecerlo. Hay muchos reinos siendo establecidos en esta época, pero somos llamados a establecer Su Reino. No se trata de establecer iglesias, sino de establecer el Reino del Salvador como nunca antes para cosechar bendición para las naciones. todo lo que somos y hacemos debe ser un esfuerzo para cumplir con ese objetivo. Tampoco se trata de súper estrellas y grandes predicadores, sino de muchos hijos de Dios levantándose para que la transformación sea una realidad.

 

Cuando le preguntaron a Jesús sobre cuándo vendría el Reino, Él respondió que ya estaba entre nosotros[2]. Hoy seguimos en esa tarea para que el mundo sepa que Dios es amor, perdón y salvación. Para lograrlo, debemos conocer cuáles son los principios de ese Reino.

 

Lo primero es que es un Reino de gracia. Hay temor en Latinoamérica de predicar sobre la gracia de Dios, porque algunos dicen que produce libertinaje, pero eso sucede solo si es mal entendida, ya que la gracia produce intimidad con Dios, producto de un profundo amor. el Reino no es de religión y requisitos, sino de gracia, la misma que nos ayuda a ser las personas que Él desea que seamos. la gracia produce aceptación. En nuestra iglesia decimos: “Ven tal como eres”, porque lo primero es que nos acerquemos a Dios para que la transformación que produzca, no antes. Lo vemos con Zaqueo, un recaudador de impuestos, un rechazado, pero Jesús lo llamó por su nombre y le dijo que esa noche se quedaría en su casa. Los religiosos comenzaron a murmurar porque para ellos, lo primero que Zaqueo debía hacer era cambiar su comportamiento, pero era al contrario, porque es la gracia la que provoca transformación, no la religión. Dios te acepta tal como eres porque Su gracia pagó el precio y producirá transformación en tu vida para que seas el joven que Él ha planeado.

 

La gracia de Jesucristo no solo abunda para los religiosos, sino ¡para todos! Hemos recibido gratuitamente la gracia, por lo que tenemos que darla de la misma forma, gratuitamente y sin condiciones. Si Él nos aceptó, nosotros debemos aceptar a todos, porque todos necesitamos recibir a Jesús, sin importar cuáles sean nuestras transgresiones, ya que la gracia produce aceptación y restauración. La Biblia que yo leo dice que Jesús pagó el precio por toda la humanidad, por lo que estamos comprometidos a causar una revolución de gracia[3]. En un continente lleno de religión que se enfoca en el pecado y no en la gracia, se produce condenación, no libertad. No nos enfoquemos en los errores sino en la gracia del Reino que representamos. Pase lo que pase en tu vida, sin importar tus errores, tu vergüenza no te detendrá, porque la Biblia dice que todos vengan libremente al trono de la gracia. Dios te ama siempre, no a veces y dependiendo de tu comportamiento, porque el sacrificio de Jesús fue más que suficiente para cancelar todo pecado y condenación.

 

Otro principio del Reino de Dios es el amor, ya que nada ni nadie puede separarte de Él. La religión dice que si no cambias, Dios no te ama, pero no es así. Si aceptamos el sacrificio de Cristo, podemos mantenernos firmes en el amor de Dios. En la parábola del hijo pródigo vemos que el padre vio a su hijo desde lejos y corrió hacia él. Este hecho es poderosísimo porque en la ley judía un hombre mayor no podía correr hacia otra persona, ya que mostraba desesperación y eso estaba prohibido. Pero Jesús ilustra el amor y el perdón con esa imagen tan radical que podría escandalizar a los religiosos porque es justo lo que Dios hace. Él está desesperado por ti, porque vuelvas a Su casa. El hijo avergonzado pidió perdón y aunque no se sentía digno, el padre lo vistió de nuevo. Le cubrió su vergüenza, porque no importa lo que haya hecho, un padre amoroso perdona y acepta. Dios cubre nuestra vergüenza, nuestros pecados, nos da una nueva vestidura de perdón y amor. Así que debemos reflejar ese amor del Padre gratuitamente a todos, no solo a quienes pensamos que lo merecen.

 

Nuestro deber es ser las personas con más amor que existen en el mundo, porque de esa forma, todos conocerán hijos de quién somos. El Reino de Dios debe ser establecido a través de nosotros, porque Él nos entregó un plan, un propósito para nuestra vida. Su amor quiere alcanzar al mundo a través de nosotros, quienes debemos reflejar un Reino de amor, no de religión. El amor cubre la vergüenza, la religión quiere que sobresalga esa culpa, pero Jesús se sacrificó para que ese amor sea compartido. Dios no busca el contexto perfecto, sino corazones que le claman y le buscan.

 

Entonces, el reino de Dios es de gracia, de amor y de poder sobrenatural. En las iglesias hemos hecho de ese poder algo de expresión dramática en lo natural, pero si vamos a establecer Su Reino, debemos entender que es sobrenatural. No debe ser un show, sino una expresión sencilla que cambia vidas. Tal como hizo Jesús muchas veces al sanar enfermos con el poder del Espíritu Santo. Especialmente con el criado del centurión romano, vemos que Jesús se sometió a esa autoridad porque Él era judío, pero obsequió la sanidad sin grandes fórmulas extrañas, sino con naturalidad y sencillez[4]. Lo mismo debemos hacer nosotros, nada de grandes exhibiciones, ni de aspavientos espectaculares que asuste a las personas, sino que las atraiga. No reduzcamos el poder de Dios a ciertos hombres, porque Su poder está en todos los que creemos. No uses el poder de forma “raronaturalmente” sino sobrenaturalmente de forma sencilla.

 

El reino de Dios será establecido con la gracia, el amor y el poder que darán frutos de muchas vidas transformadas. Toma el reto de ir a tu familia, tu escuela, tu comunidad llevando al Señor. No se trata de ti, no es tu protagonismo, sino del de Dios, quien desea dar Su gracia y poder. Tú eres la respuesta del Señor, porque Su Reino vendrá a la tierra a través de tu vida. hagámoslo de forma correcta, de la misma forma que Jesús lo hacía, para que Dios sea el único, sea todo en todos. El poder sobrenatural del Señor llegará a ti para que lo compartas y se produzca un gran avivamiento como nunca antes.

 

Toma el reto de ir y marcar la diferencia, aunque pienses que no tienes grandes talentos, aunque te veas frágil y débil, el poder sobrenatural de Dios estará contigo para establecer Su Reino en esta nación y en el mundo. Profetizo que multitudes serán impactadas por el amor y el poder de Dios a través de tu vida, en el nombre de Jesús. ¡Prepárate porque Dios te usará! No debes predicar perfectamente, solo debes ser tú, porque Él te usará para establecer Su Reino.

 

[1] Mateo 6:9-13 dice: Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

 

[2] Lucas 17:20-21 dice: Preguntado por los fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros.

 

[3] Romanos 5:15-21 comparte: Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo. Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó; porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación. Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos. Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro.

[4] Mateo 8:5-10 comparte: Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe.

 

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