Cuando Salomón terminó el templo de Jerusalén, Dios le habló asegurando que esa sería Su casa, y que Sus ojos y corazón estarían allí por siempre[1]. Estos versos fueron revolucionarios en ese momento porque nadie podía saber en dónde o en qué momento Dios se manifestaría. Esto sucedió mucho antes del sacrificio de Jesús para que pudiéramos tener relación ilimitada con Dios. A través de este templo, por primera vez en la historia, Dios conectaba Su presencia permanentemente con un lugar. Por primera vez, era posible llegar a un sitio y saber que te encontrarías con Dios, ¡era una novedad! Luego, sabemos que el templo fue destruido. ¿Por qué hablamos de un templo que ya no existe? El edificio desapareció, pero el principio del templo todavía existe.

 

Tú eres el templo del Dios viviente, Él habita en ti[2]. El Señor tiene conectada Su presencia con un lugar físico, tú y yo, todos portamos Su presencia. Antes, solo era una construcción en Jerusalén, ahora, somos millones de templos. En ese entonces debías viajar a dicha ciudad, pero ahora todos los templos somos bendecidos con movimiento, podemos viajar, podemos predicar el Evangelio y llevar Su presencia. Somos templos del Dios viviente y hay tres aspectos importantes que debemos saber para ser verdaderos templos.

 

Lo primero es que el templo es visible. Era tan grande que se veía incluso en la distancia, era imposible no verlo. Ahora necesitamos volvernos visibles nuevamente en donde sea que vayamos, no solamente en una conferencia. Tenemos muchos “cristianos submarinos”, es decir que existen, pero no se pueden ver, solo sacan su periscopio el domingo para más o menos recibir algo del Señor, y luego se vuelven a sumergir. ¡Necesitamos templos visibles en este momento! Templos que no tengan pena y vergüenza de mostrar al mundo que son casas consagradas al Señor.

 

Sobre esto, Johan, un joven de nuestra ciudad, hizo algo dramático y genial. Él se convirtió a Cristo a los 16 años; semanas después, volvió a la escuela y estaba convencido de que debía ser un templo visible. Tuvo la mejor y más loca idea, se tomó una foto, la puso en un póster con las palabras: “Yo soy cristianos. Pregúntame por qué”. Imprimió cincuenta copias y las puso en toda su escuela. ¡Había un templo visible en esa escuela! En dos días, cuarenta personas le preguntaron por qué era cristiano. muchos se acercaban nerviosos, como evitando que los vieran y él les compartía el Evangelio. ¡Hay tantas preguntas en el mundo! Pedimos un gran avivamiento y la respuesta de Dios es: “Lo haré si sales a la superficie”. Permite que tu luz brille en el mundo para que todos vean tus obras como cristiano.

 

Lo segundo es que el templo es un lugar de oración. Dios no vino sobre el templo porque se veía bien o porque había grandes tesoros allí, sino porque era un lugar para comunicarse con Sus hijos. Él no dirá: “Qué lindos zapatos, debo derramar Mi gloria sobre ellos”, Él vendrá a nosotros si ve que anhelamos comunicarnos con Él. Debemos convertirnos en casa de oración, puedes comenzar poco a poco, 30 segundos al día si quieres, pero da el primer paso.

 

Una chica de nuestra iglesia en Suecia lo hizo. Ella se llama Maddy y decidió convertirse en una casa de oración. Se le ocurrió una estrategia maravillosa, hizo una lista con el nombre de las diez personas con más problemas de conducta en la escuela y se propuso orar por ellos hasta que cada uno fuera salvo y cambiara. Entonces, inició con el primero de la lista, que era un joven llamado Nils. Él era odiado por todos y odiaba a Jesús, además, odiaba a Maddy por ser cristiana, pero ella oraba por él todas las mañanas para que fuera salvo. Por muy extraño que parezca, luego de algunas semanas, Nils se dio cuenta de que pensaba mucho en Jesús. Claro que no sabía que Maddy oraba por él. Lo último en su mente al acostarse era Jesús y también lo primero que pensaba por la mañana. ¡No podía controlarse, pensaba en Jesús todo el tiempo! Luego de dos meses de no poder sacar a Dios de su cabeza, decidió orar por primera vez en su vida: “Dios, si estás allí, haz que vomite.” Fue algo ridículo, pero eso pidió y se cumplió. Él vomitó durante doce horas, hasta que volvió a orar: “Dios, si existes, haz que esto se detenga.” Y se detuvo. Luego de dormir durante doce horas, le entregó su corazón a Jesús y fue a buscar a Maddy para que le enseñara cómo ser cristiano. Ambos comenzaron a orar por el segundo en la lista y ¡en seis meses, iban por el nombre número ocho! Dios necesita templos de oración.

 

La tercera cuestión es que el templo del Señor es un lugar de milagros, así que debemos ser sitios de milagros. Jesús sanaba en el templo, y en el Antiguo Testamento leemos sobre pactos y promesas que se hacían allí. Si tenías necesidades, ibas al templo y recibías milagros. Tú debes ser una prueba de que Dios hace maravillas. Cuando recién me había convertido, fui a un viaje misionero a Rusia. El pastor amigo que me llevó predicó durante horas y luego, señalándome, dijo: “Mi amigo orará por sanidades”. Yo tenía 17 años y no había orado por nada en ese momento. Tuve que fingir que sabía lo que hacía: “Por favor, todos los enfermos vengan al frente”. Mi corazón latía, 800 personas pasaron, ¡todos estaban enfermos! Me acerqué a la primera persona, una señora como de 80 años que tenía la mano muy mal, sus huesos tullidos y cubiertos con una piel gris. Era obvio que tenía un problema y muy grave. Yo decía: “Señor, talvez podríamos haber empezado con algo más sencillo, un dolor de cabeza o de espalda, pero no una situación tan dramática”. Lo cierto es que no había nada que yo pudiera hacer en mis fuerzas, así que cerré mis ojos y oré: “En el nombre de Jesús, clamo por la sanidad de esta mano.” Entonces, vi que los dedos crecieron a un tamaño normal, el color de la piel cambió y la mano sanó. Todos lloramos y gritamos, y la gloria de Dios llenó ese lugar. ¡Fui un templo de milagros y todo el lugar se convirtió en eso mismo!

 

En otra experiencia fue la de cuatro chicas de 13 y 14 años que comenzaron su año escolar orando para que Jesús hiciera milagros en su escuela y que ese lugar fuera estremecido por Su poder. Nosotros debemos hacer lo mismo, orar porque el poder de Dios se mueva en las escuelas, en los sitios de trabajo, en todo lugar. Entonces, una de ellas, cierto día estaba lista para volver a su casa al final del día, cuando se le acercó un muchacho, el más rudo de la escuela y le preguntó: “¿Eres del tipo de cristiana que cree que orando Dios puede sanar?” A lo que ella respondió tímidamente que sí.  El chico continuó: “Tengo un dolor de cabeza que me ha afectado todo el día, ¿puedes sanarme?” Ella se desconcertó, hubiera querido llamar a un pastor, estar en medio de una reunión de adoración en la iglesia, pero solo estaba ella en la escuela con un chico pidiéndole un milagro. Así que oró desesperadamente: “Dios, si estás allí, ayúdame, muestra Tu poder, sánalo en el nombre de Jesús.” Cuando dijo amén, el joven preguntó: “¿Cómo hiciste eso? Cuando dijiste amén, el dolor desapareció, ¿cómo lo hiciste?” Ella se llenó de confianza, tanto así que le dijo: “¿Quieres que lo haga de nuevo?” Con el tiempo, este joven se convirtió en el mejor evangelista y le contó a todos lo que había sucedido. Como resultado, treinta y cinco estudiantes entregaron su corazón a Jesús, y se documentaron sanidades.

 

Seamos templos visibles, templos de oración y portadores de milagros. ¡Guatemala debe estar inundada por templos visibles de oración y de milagros! Pidamos al Padre que nos convierta en portadores de Su amor y de Su poder a donde quiera que vayamos para que cambiemos nuestro mundo en el nombre de Jesús.

 

 

[1] 2 Crónicas 7:16 dice: porque ahora he elegido y santificado esta casa, para que esté en ella mi nombre para siempre; y mis ojos y mi corazón estarán ahí para siempre.

 

[2] 2 Corintios 6:16 asegura: ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.

 

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