Proclama que tu vida irá en aumento hasta que sea perfecta como sucede con la luz de la aurora[1]. Sabemos que Dios no nos ha otorgado el derecho de detenernos y que debemos continuar con la misión que nos ha encomendado. Tenemos el deber de seguir creciendo y multiplicando Su ministerio, por lo tanto, está prohibido acomodarse en lo que se ha logrado. Si te acomodas, retrocedes. Evita quedarte en tu zona de confort y avanza con entusiasmo.

Suena más sencillo de lo que realmente es, pero no tenemos opción. Si vemos al pueblo de Israel en medio del desierto, se quejaban porque los sacaron de su zona de confort aunque ¡eran esclavos! A pesar de que les habían dado la libertad, no querían enfrentar la transición. Incluso Jesús tuvo que pasar por una zona de transición para alcanzar Su meta, ya que pasó cuarenta días en el desierto, enfrentando la tentación. Si te estancaste en tu vida es porque buscaste tu zona de comodidad y no has salido de allí, pero es hora de migrar y de avanzar. Ya no más pasividad, hay que estar en movimiento porque el que se detiene, se muere. La vida es movimiento, no te detengas. En la guerra, si te quedas parado eres blanco fácil. Por eso, debemos dejar a un lado el temor. Yo siempre he dicho que hay que hacer las cosas y emprender en proyectos con todo y miedo. Todo lo bueno comienza con algo de miedo.

La Palabra relata cómo Elías acabó con los falsos profetas, pero luego huyó a una cueva, amenazado por Jezabel[2]. Cuando queremos ir a otro nivel, el miedo puede invadirnos como sucedió con Elías, quien era hombre sujeto a pasiones, pero no se refiere a pasión carnal, sino que a sus emociones, y vemos que era muy sensible al temor. Sin embargo, Elías oró y de esa forma superó la ansiedad. Es posible pasar a otra etapa si reconocemos lo que sentimos y también reconocemos que tenemos a Dios de nuestro lado para superar la debilidad[3].

El miedo no debe paralizarnos. ¿Qué pasó con Pedro cuando decidió caminar sobre el agua? Se atrevió a salir a su zona de confort y comenzó bien, pero tuvo miedo, por eso se hundió. Lo valioso en esa situación es ver que tu valor para bajar al agua cuando los demás se quedaron en la seguridad de la barca. Aunque Pedro tuvo miedo, también tuvo la valentía de atreverse y nos enseña a tener el valor de intentar, porque podemos decir como él dijo: “Yo sé que eres tú Señor, aunque me caiga, no dejaré que el miedo me paralice”. Él sabía, como un niño que aprende a caminar, que Jesús estaba ahí para tenderle la mano. Esa certeza de saber que Dios nos levantará debería alejar nuestro temor. Cuando te lanzas a algo nuevo, hay probabilidad de que fracases y hay posibilidad de que tengas éxito, pero solo hay una certeza: Dios te levantará si te caes, así que inténtalo. Si te equivocas, habrás aprendido.

Cuando te atreves a salir de la zona de confort, pasas a la zona del miedo, y si logras salir de ahí, pasas la zona de la revelación, tal como sucedió con Pedro, quien dijo: “Si eres Tú, manda que vaya sobre el agua”, y así fue. Esa revelación es la que debemos buscar, y solo la encontraremos si pasamos tiempo con el Señor, y le pedimos que nos hable y nos dirija. En otro momento del que nos habla la Escritura, vemos que los discípulos no había podido sanar a un joven endemoniado, pero tenían la disposición de aprender, de recibir revelación y lo aprovecharon[4]. Lo mismo debes hacer tú, no te limites, pregúntale al Señor tus dudas y Él responderá. Yo lo hago constantemente y me sorprende con Sus respuestas, porque siempre me anima a seguir adelante. Entonces, mi actitud cambia, comprendo que el justo por su fe vive; entiendo que si no empleamos nuestra fe en retos, no vale la pena vivir, porque estar vivo es arriesgarse, lanzarse, creerle a Dios.

Otro interesante ejemplo de alguien que superó la zona de confort, la del miedo y pasó de la revelación a la victoria es David, quien llegó al nivel más alto. Cuando caminas en la revelación de Dios, te mueves a la zona de victoria. ¡Ahora comienza el tiempo de tus nuevas victorias!, solo anímate a pelear tus nuevas batallas. Si quiere ver pelear a Dios, debes buscar batallas qué pelear, porque el Señor dijo que te acompañaría a donde tú fueras.

Nota que hay dos situaciones diferentes. Una es ir a donde Dios nos envíe, y otra es llevarlo a donde vayamos. Por ejemplo, el Señor sacó al pueblo de Egipto, pero en el desierto, eran ellos quienes debían sacar a Dios de allí, porque Él les había presentado el reto de conquistar la tierra prometida y había dicho: “Donde tú vayas, Yo iré”. Por lo tanto, eres tú quien debe tomar la iniciativa y moverse. La pregunta no es cuándo Dios te dará otra casa, sino cuándo tú lo moverás a otra casa. Dios puede pasar el resto de la eternidad contigo, allí donde estás, pero tú decides si avanzas porque Él ha prometido acompañarte. El Señor nos ha dado la capacidad para movernos de la zona de confort a la zona de victoria, pero nosotros debemos tomar la decisión y hacerlo. Mueve a tu familia y a tu ministerio hacia donde el Señor quiere que estés, en la zona de victoria y de bendición.

La victoria es tuya, no te menosprecies. Piensa como David, quien ya había experimentado el favor de Dios, por lo que no tenía dudas sobre el apoyo del cielo frente a Goliat[5]. David se movió porque tuvo la revelación de que era tiempo de una nueva victoria. Es tiempo de vivir plenamente, de emprender si miedo o con miedo, pero con fe. Ya no eres un pastor de ovejas, eres un guerrero que debe estar dispuesto para la batalla. Cambia tu mentalidad, así como lo hizo David. ¡Vienen batallas y también victorias. y con las victorias, viene la influencia! Dios quiere promover a personas correctas porque sabe que harán lo debido y bendecirán a millones. Eso es vivir intensamente y ser de influencia. Es tiempo de experimentar la vida abundante que Él desea para nosotros. Cuando nos quedamos en la zona de confort estamos decidiendo morir en vida, ¡sal de ahí ahora! Vive intensamente, mira más allá, enfócate en lo hermoso y no en las dificultades.

No te acomodes si crees que ya lograste suficiente, porque eso puede conducirte a la oscuridad. Recuerda que quien no hace producir sus talentos es echado a las tinieblas. Mejor vive al máximo, aprende a superar tus tensiones, porque si Dios te llamó, Él te dará las fuerzas para lograr Su propósito. Debemos producir y generar bendición, hagamos bien las cosas, tomemos la iniciativa para cambiar nuestra situación y la de muchos.

Recuerda que una crisis es el mejor momento para emerger como líder. Rodea tu vida de desafíos porque es emocionante vivir por fe. Es emocionante estar frente al mar rojo clamando porque se abra, es emocionante estar frente esos muros de Jericó con la certeza de que caerán. ¡Dios no ha terminado contigo, al contrario, tu vida está comenzando! El Espíritu Santo te consolará, te renovará y te dará nuevas fuerzas, no temas, avanza, sal de tu zona de confort, supera el miedo, busca la revelación del Señor y te aseguro que llegarás a la zona de victoria.


[1] Proverbios 4:18 enseña: Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora,que va en aumento hasta que el día es perfecto.

[2] 1 Reyes 19:1-11 relata: Acab dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías había hecho, y de cómo había matado a espada a todos los profetas. Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos. Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado. Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come. Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse. Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta. Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios. Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías? El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. El le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto.

[3] Mateo 14:27 afirma:  Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!

[4]  1Mateo 17:15-20 enseña: Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece muchísimo; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua. Y lo he traído a tus discípulos, pero no le han podido sanar. Respondiendo Jesús, dijo: !!Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo acá. Y reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquella hora. Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera? Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.

[5] 1 Samuel 17:33-37 relata:Dijo Saúl a David: No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él; porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud. David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba. Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente. Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo.

 

  • De la zona de confort a la zona de victoria